martes, 4 de abril de 2023

RECTA OPINIÓN

 



RECTA OPINIÓN

©Abg. Giuseppe Isgró C.



-“….A Dios “el pedido” del ser por la plegaria, y al hombre la respuesta de Dios, (El Ser Universal), por la inspiración”-.
León Denis




-Hidalgo, -dijo Escudero-, háblame ahora de la Recta Opinión.
-Escudero, -le responde Hidalgo-: escucha:


La recta opinión puede traducirse por recto conocimiento, en una doble vertiente: objetivo y subjetivo; lógico e intuitivo.
Es el conocimiento aprehendido mediante el estudio, la investigación y la experiencia directa de las cosas sometidas a la propia atención, aplicando el razonamiento y la lógica inductiva y deductiva y aquel obtenido mediante la percepción intuitiva y la inspiración, bien sea por medio de la meditación, el recogimiento o el chispazo espontáneo que aporta la visión de lo que se precisa, en un momento dado.
El primero, como decía Sócrates, es aquel obtenido por medio del cultivo de un arte determinado, mientras que el segundo se alcanza por la iluminación, es decir, la conciencia intuitiva, en cualquiera de sus formas. Ambas conforman la visión precisa del conocimiento necesario para formarse una recta opinión, discerniendo entre la verdad y la falsedad, siendo preciso una elección entre ambas, para emitirla.
En todo caso, cuando Shakyamuni se refería a la recta opinión como uno de los factores del Noble Sendero Óctuple, la vinculaba con el conocimiento de las Cuatro Nobles Verdades y dentro de éstas, la cuarta contempla el Noble Sendero Óctuple, propiamente dicho.
Para formarse una recta opinión de las nobles verdades es preciso alcanzar la docta ignorancia, es decir, tener conciencia de lo que se ignora, -que era la virtud por la cual la Pitia en el Oráculo de Delfos había designado a Sócrates como el hombre más sabio de Grecia, razón por la que él solía expresar: -“Yo sólo sé que no sé aquello que no sé”-, condición sine qua non para alcanzar la respectiva iluminación, por cualquiera de las tres vertientes: el conocimiento objetivo, el intuitivo y el inspirativo.
Para esto, es preciso que la persona tenga un conocimiento profundo de los valores universales, tales como la sabiduría, -o su variante, la prudencia-, la justicia, la igualdad, la compensación, la afinidad, la fortaleza, la templanza, la belleza, la compasión, la tolerancia, y tantos otros, cuya comprensión guíen su discernimiento para elegir opiniones acordes con la verdad.
Aún la visión de los valores universales precisa, además del conocimiento objetivo, fruto del análisis y la investigación, la percepción intuitiva, la cual trasciende toda limitación y facilita la recta opinión.
Una persona, en un momento dado, aunque no se haya formado una opinión sobre la cosa sometida a su consideración, podría tener, sin embargo, un sentimiento que le indica si una cosa es justa o no, lo cual no deja de tener un cierto tinte de intuición, por cuanto, el conocimiento intuitivo, generalmente es apriorístico, el cual luego se suele confirmar con el análisis y el razonamiento.
La opinión firme, sustentada por el conocimiento a fondo del tema del cual se trata, se transforma en creencia o persuasión, es decir, en convicción y ésta en entusiasmo.
El conocimiento es fundamental para erradicar los prejuicios, el fanatismo, las falsas creencias, la superstición y el temor. Se teme, generalmente, lo que se desconoce; empero, lo que se conoce inspira confianza, fe, convicción y entusiasmo e invita a la acción determinada para alcanzar el éxito en la realización de los objetivos previamente antepuestos.
Este conocimiento sobre el cual se pueda fundar una recta opinión, es preciso que sea sustentado por la comprensión de la vida en todas sus vertientes, con una perspectiva universal y una conciencia clara de los objetivos últimos del ser humano en su eterna carrera, de su Espíritu eterno e inmortal, de las leyes cósmicas, entre ellas la del karma y la del vipaka, es decir, causa y efecto, acción y reacción, la de justicia, la de compensación, la de igualdad, y todos los valores universales que conforman los principios por los cuales se rigen todas las leyes cósmicas, cuya expresión intuitiva la percibe, cada ser, en su conciencia.
Es preciso que se conozca la fuente de la que proviene todo, es decir, el Ser Universal, la conexión del ser con su creador, y de que él posee en sí todos los atributos divinos de su progenitor, así como, todas las facultades espirituales de las cuales está dotado para utilizarlas conscientemente y la ley de reencarnación en millones de mundos habitados por los cuales habrá de ascender en su avance evolutivo sin límites algunos.
De igual manera, se hace necesario familiarizarse con el mecanismo de necesidades con que la naturaleza de las cosas le ha dotado, de la polaridad de los deseos, para transmutar los negativos en positivos, del alcance del libre albedrío que le otorga el poder de elegir y de un método efectivo para tomar correctas decisiones, eligiendo justos propósitos u objetivos en cada fase existencial.
La recta opinión es una elección discerniendo, siempre, la verdad, en cada caso, por lo cual, su objetivo esencial en la vida, para cada persona, es la búsqueda eterna de la verdad en la ascendente espiral evolutiva.
El camino para canalizar la energía creadora de la cual es una fuente constante de producción, es el noble sendero óctuple, con lo cual, centrándola hacia justos propósitos existenciales, deja de experimentar la insatisfacción, causa de toda ausencia de felicidad.
La opinión que, en un momento dado, emite una persona, viene a representar un veredicto, pudiendo ser verdadera o falsa; objetiva o subjetiva, sustentada por hechos reales o meras suposiciones, positiva o negativa, expresando certeza o duda, dentro de una infinidad  de variantes.
Empero, siempre implica:
I.   La asunción de la responsabilidad inherente.
II.   Ser guiada por los parámetros de los valores universales en sus polaridades positivas y de las leyes que rigen la vida.
III.   Conocimiento de la norma legal que rige el caso y de las costumbres e idiosincrasia de la gente en el entorno en que se actúa.
IV.   Conocimiento de causa de todas las cosas sometidas a la propia consideración y del pro y del contra, vinculantes, haciéndose cargo probable del resultado de la acción a emprender. Para ello, es preciso dominar la ciencia, el arte o la disciplina respectiva.
V.   Conocimientos de las propias fuerzas y recursos.
VI.   Dominio del proceso decisorio para determinar el mejor curso de acción, en cada caso, así como del método científico de resolución de situaciones.
VII.   Visión del mercado en que se actúa, del producto, del servicio y de todas las circunstancias sobre las cuales se emite la propia opinión.
VIII.   Conocimiento de todas las ramas o corrientes de pensamiento para formarse una opinión universal trascendiendo los límites parciales de cada una.
IX.   Cultivo de técnicas efectivas de meditación y de las facultades de intuición e inspiración, para optimizar la percepción de la propia conciencia.
X.   Desarrollar el arte de escuchar para oír y entender.
XI.   Percepción de las señales del cuerpo y de otras índoles, así como las de las inquietudes de los tiempos para discernir la opinión correcta y tendencias realistas.
XII.   Conocer las leyes de la economía, los ciclos económicos, los históricos y de otras índoles para aprovechar las oportunidades inherentes.
XIII.   Respeto por la recta opinión de cualquier persona que la sustente.
Recordemos los siguientes aforismos expresados por Shakyamuni en el Dhamhapada:
I.   -“De los Senderos, el Óctuple Sendero es el mejor”.
II.   –“De las Verdades, las Cuatro Nobles Verdades”.
III.   –“El Desapego es el mejor de los estados mentales”.
IV.   –“Y de los hombres, el hombre de visión clara”.
V.   –“Únicamente, éste es el Sendero. No hay otro para la purificación de la visión. Siguiéndolo, pondréis fin al sufrimiento. Habiendo yo aprendido el proceso de arrancar la flecha del deseo, proclamo este Sendero”.
VI.   –“Cuando uno comprende esto con sabiduría, se hastía de tal insatisfacción. Este es el Sendero de la purificación”.
VII.   -“Verdaderamente, de la meditación brota la sabiduría”.
VIII.   –“Conociendo el doble camino de la ganancia y la pérdida, debe conducirse uno mismo de manera tal que pueda aumentar la sabiduría”.
IX.   –“..Aquellos que ven lo esencial en lo esencial y lo inesencial en lo inesencial, debido a su correcta visión, perciben la esencia”-.
Adelante.

LAS CUATRO NOBLES VERDADES

 


LAS CUATRO NOBLES VERDADES

©Agb. Giuseppe Isgró C.
Del libro: El Mago Blanco





-Hidalgo, -dijo Escudero-, háblame ahora de las Cuatro Nobles Verdades.
-Escudero, -le responde Hidalgo-: escucha con atención y en silencio, para expandir la conciencia, una de las más hermosas enseñanzas que se conservan de la antigüedad. 

La esencia de la doctrina de Shakyamuni, o Sidharta Gautama, reside en las dos geniales  concepciones que tuviera en el Parque de los Ciervos, cerca de Benarés, alrededor del año 500 a.n.e., que denominó: Las cuatro nobles verdades y El noble sendero óctuple.
En uno de los primeros discursos que pronunciara frente a sus discípulos, les reseñó las cuatros nobles verdades,  las cuales son: 1) La noble verdad de la insatisfacción; 2) la noble verdad del origen de la insatisfacción: consistente por los deseos en su polaridad negativa y la ausencia de propósitos. 3) la noble verdad de la cesación de la insatisfacción, es decir: la transmutación de los deseos en su polaridad positiva y la formación de propósitos; y, 4) la noble verdad del sendero que conduce a la cesación de la insatisfacción.
El cuarto punto se relaciona con el Noble Sendero Óctuple, el cual conduce a la cesación de la insatisfacción, que  consiste en la comprensión de la doctrina y en la práctica de la disciplina, relativas a: 1) la recta opinión; 2) el recto propósito; 3) la recta palabra; 4) la recta acción; 5) el recto sustentamiento de medios de vida; 6) el recto esfuerzo; 7) la recta atención; y 8) la recta concentración.
Si bien un gran número de traductores utilizan la palabra “sufrimiento” en lugar de “insatisfacción”, esta última es más acorde con el término pali “dukkha”, el cual, más que al dolor físico y a la ausencia de dicha, se refiere a la insatisfacción personal frente a cualesquiera aspectos de la existencia humana.
La noble verdad de la insatisfacción reside en la ignorancia del ser humano  sobre los elevados fines y propósitos de la existencia, las leyes que le rigen, los valores universales que fungen de guía para regir su acción, el conocimiento de la preexistencia y de la supervivencia del Espíritu al presente ciclo de vida, que le inhibe la canalización de la propia energía creadora, en constante fluir, la cual al no encontrar salida hacia el exterior, mediante la realización de objetivos claramente definidos, busca una vía de escape hacia adentro, expresándose en forma de insatisfacción, en cualesquiera de sus múltiples grados y variantes.
La noble verdad del origen de la insatisfacción, además de la ignorancia de los fines existenciales y de las leyes que les rigen, reside en los deseos en su polaridad negativa. Ya, 2.500 años antes de Shakyamuni, el Brihadaranyaka Upanishad IV.4.5., señalaba: -“Tú eres lo que es el profundo deseo que te impulsa. Tal como es tu deseo es tu voluntad. Tal como es tu voluntad son tus actos. Tal como son tus actos es tu destino”, texto que, sin duda alguna, él conocía.
La noble verdad de la cesación de la insatisfacción, señala, diversamente a como lo enfocan la mayoría de los tratadistas, no en el cese de los deseos, sino su transmutación  en la polaridad positiva y el encauzamiento de los mismos, conjuntamente con la satisfacción de las respectivas necesidades existenciales, en sus diversas jerarquías, de acuerdo con la práctica del Noble sendero óctuple,
La cuarta noble verdad, que conduce al cese de la insatisfacción, es, por lo tanto, el Noble Sendero Óctuple, quien dirige la canalización de la energía creadora interior hacia el logro de objetivos exteriores, mediante la disciplina del desapego de los resultados en la satisfacción de los deseos, sometiéndolos a la rectitud de: opiniones, propósitos, palabras, acciones, medios de sustentamientos de vida, esfuerzos, atención y concentración, cuya práctica conduce a la autorrealización y a la obtención de la iluminación –nirvana- transmutando todo estado de ignorancia anterior en sabiduría.
Evidentemente, Shakyamuni estaba consciente de los múltiples ciclos de vida que vive el ser humano, arrastrando hasta la presente existencia las consecuencias de todas las anteriores, y sembrando para las futuras, las que se deriven de la actual.
Viviendo en un universo sin límites, donde el inmortal Espíritu está dotado de vida eterna, es inconcebible pensar, siquiera, de que pudiera ponerse fin al ciclo de renacimientos, como suelen sugerirlo algunos. Representaría, ello, el fin del progreso universal en total desacuerdo con las leyes cósmicas.
Lo que, trascendiendo las interpretaciones parciales de muchos seguidores de la doctrina universal, es preciso destacar que, con la practica del Noble sendero óctuple, se pone fin, con el debido tiempo, al ciclo de compensaciones de deudas kármicas contraídas con múltiples seres, cuyas consecuencias  someten a los seres humanos a los rigores, o efectos, coercitivos y coactivos de la leyes de: justicia divina, compensación universal, afinidad –que ordena a los seres por su grado de suma existencial- y libertad, debiendo venir a los renacimientos con la finalidad de pagar, compensando, sus deudas kármicas, y mientras no lo haga, cada ser, y, al mismo tiempo, no deje de crearse otras nuevas, estará obligado a reencarnar para efectuar las respectivas compensaciones, sin disposición de la total autonomía de quienes, encontrándose libres de deudas kármicas, renacen entre sus afines con la finalidad de realizar el trabajo del quehacer cósmico de acuerdo a la propia vocación y a su libre elección, -en armonía con los planes trazados por el Supremo Artífice-, al igual que una persona con abundante saldo en su cuenta bancaria tiene libertad de acción de la cual carecería si fuese el caso contrario.
Es preciso tener presente que, mientras se sea acreedor –o acreedora- de compensaciones, se está, “virtualmente”, en la obligación de recibirlas -o cobrarlas-, lo que significa la realización de cierto número de encarnaciones a tales efectos, lo cual, casi siempre, el Espíritu lleva a cabo como una misión para ayudar a determinados seres a superar sus pruebas existenciales.

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El ser humano es un productor constante de energía creadora, la cual busca expresarse positivamente en la realización de objetivos existenciales, canalizándose en grado equivalente a las necesidades y a los deseos, en todos los ámbitos vitales.
La energía creadora, cuando no encuentra una vía de expresión hacia el exterior, por medio de la realización de objetivos claramente definidos, como propósito existencial, busca un escape hacia el interior, haciendo experimentar, a la persona, el “descontento motivador” el cual es  preciso transmutar en su polaridad opuesta positiva, transformándose en un tremendo poder capaz de inducir al logro de las más importantes metas.
Para transmutar la insatisfacción creadora que se manifiesta por el desconocimiento de diversos factores, es preciso:
1. Conocer los objetivos existenciales, y planificarlos a corto, mediano y largo plazo, única manera de encauzar la energía creadora positivamente.
2. Comprender a fondo las leyes de la vida, para encontrar el sentido a la propia existencia, trabajando en armonía con los planes cósmicos. Dentro de estas leyes, de manera especial:
o   La ley de compensación, mediante la cual se compensan cada una de las acciones humanas. Las consecuencias de los propios actos no serán experimentadas únicamente en la próxima existencia, sino en forma inmediata; la ley actúa, en ambas polaridades, bien sea en compensaciones positivas como en las negativas, instantáneamente.
o   La ley de reencarnación: la cual permite comprender que todos los resultados existenciales actuales que nos insatisfacen, tienen un origen en ciclos anteriores de vida, cuyas consecuencias deben ser asumidas, aportando las respectivas compensaciones y, a la vez, aprender las lecciones inherentes, haciendo de tal manera que, a partir de ahora, además de saldar nuestras deudas kármicas, vayamos creando la plataforma existencial para que se manifieste la autorrealización anhelada. Además, ofrece una perspectiva de vida más allá del presente ciclo, que ensancha el horizonte  evolutivo sin límites algunos.
3. Fortalecer la visión de los valores universales, los cuales  sirven de guía en todos los actos de la vida, facilitando la práctica de todas las virtudes, creadoras de la auténtica felicidad.
4. Percibir, claramente, las propias necesidades, canalizando, adecuadamente, el poder creador-motivador equivalente que le es inherente para su respectiva satisfacción.
5. Transmutar los deseos, activadores de la voluntad, desde la polaridad negativa a la positiva, con la finalidad de que sean vehículo de un destino favorable.
6. Desarrollar la conciencia intuitiva e inspirativa. La primera permite percibir la información precisa, esté donde esté contenida, en el espacio y en el tiempo, por propia proyección espiritual al lugar donde se encuentre, para observarla, o donde se encuentre la persona que la contenga, en cuyo archivo espiritual, la lee. También, la información, podría estar archivada en el propio archivo, en el alma. La segunda, la percepción inspirativa, por comunicación de pensamientos en el propio pensamiento, de algún ente de la dimensión espiritual, o encarnado, en desdoblamiento. La otra fuente es el Ser Universal quien realiza la inspiración por medio de los sentimientos, como voz interior, alertando a la persona para dejar de hacer las cosas inadecuadas, y así realizar, únicamente, las más acordes a los propios objetivos y misión de vida, en armonía con la ley cósmica.
7. Potenciar el poder del pensamiento positivo, quien es el creador de  los resultados inmediatos en la propia vida, por la ley de atracción, mediante la cual, lo semejante atrae a lo semejante y los opuestos jamás se juntan. Dada su índole creadora, es preciso cuidar con toda atención la calidad de lo que se piensa, para expresar únicamente resultados positivos anhelados y evitar lo contrario.
8. Asumir, valientemente y con confianza, las pruebas de la vida, la adversidad, en sus diversos grados, y la insatisfacción creadora, que, como agua represada, va acumulándose en el ser interno, las cuales siempre es factible transmutarlas positivamente, canalizando en forma adecuada el propio poder potencialmente infinito para construir una vida satisfactoria en todos los niveles de aspiraciones.
9. El arte de vivir es apasionante, empero, es preciso actuar con sabiduría, de acuerdo con las leyes que rigen la naturaleza, en armonía con todos y con el Todo; para ello hay que descubrir la docta ignorancia, es decir, adquirir conciencia de lo que se ignora, auto-cultivándose, viviendo una existencia positiva, virtuosa y  útil, de acuerdo a los propósitos que el Supremo Hacedor plasmara en los planes cósmicos.
10.         Es preciso canalizar el propio poder potencialmente infinito mediante la conexión divina con el Ser Universal, poniéndose bajo su guía e inspiración, para fungir como un instrumento efectivo de su voluntad, por medio de las leyes cósmicas.
El incumplimiento de las leyes cósmicas genera en el ser humano los efectos negativos de su acción y el dolor es la escuela de sabiduría que le indica la existencia de “algo” que es preciso normalizar.
En tales casos, contrariamente a lo que se pudiese pensar, el dolor es nuestro amigo, por cuanto nos avisa del peligro y nos induce a rectificar.
Si no se experimentase dolor, al introducir las manos en el fuego, éstas correrían el riesgo de hacerse daño; igual acontece en todo. Es una voz de alerta; escuchándola se puede aplicar el correctivo oportuno y hacer que cese la causa que lo produce, transmutándola en su opuesta positiva.
Afrontar la realidad, caminando impasible por la vida, transmutando con serenidad la dosis de insatisfacción que por las acciones pasadas hemos generado, es una manera sabía de adelantar en el progreso del Espíritu, acelerando el ascenso hacia el nivel en que, debidamente depurado, se exprese la energía creadora en su polaridad positiva, y las pruebas de la vida, en todas sus variantes, se superen con paciencia, ánimo contento y satisfacción interior.
Adelante.

lunes, 3 de abril de 2023

LA EDUCACIÓN DE BOLÍVAR

LA EDUCACIÓN DE BOLÍVAR

Ensayo escrito en 1995

©Abg. Giuseppe Isgró C.

 

 Bolívar, es uno de los genios más grandes que ha dado la humanidad, al lado de líderes políticos, militares y espirituales, como Solón, Creso, Shakyamuni, Pericles, Felipe de Macedonia, Demóstenes,  Alejandro Magno, Julio Cesar, Cicerón, Jesús, Marco Aurelio, Lincoln, Napoleón, José Martí, Gandhi, entre otros. Al igual que filósofos, científicos, artistas, escritores, educadores, etcétera, como Homero, Hesiodo, Confucio, Séneca, Plutarco, Rousseau, Benjamín Franklin, Allan Kardec, etcétera.

¿Cómo se desarrolló, para estar preparado y, llevar a cabo con éxito, la gran misión que la naturaleza de las cosas y la Divina Providencia le asignaron en el escenario del Continente Suramericano y mundial?

¿Cómo, en tan pocos años, llevó a cabo una síntesis tan admirable y coherente del saber universal, a cuyas grandes concepciones y proyectos siguieron acciones realizadoras, para plasmar lo pensado en la realidad?

Bolívar, haciendo lo que parecía imposible, una y otra vez, hizo lo posible: La Independencia Latinoamericana.

Ello marca el nacimiento de un nuevo mundo de realidades y posibilidades para el progreso de las causas de la humanidad y el desarrollo de los grandes valores universales del espíritu.

Bolívar nació en una familia de elevada condición socio-económico-cultural. Su padre poseía una importante biblioteca con libros de contenido vario, tales como: las obras completas de Benito J. Feijoo, erudito y ensayista español, entre ellas el Teatro Crítico Universal y los 19 tomos de las Cartas Eruditas y Curiosas, que contenían disertaciones sobre temas tan variados como filosofía, literatura, medicina, ciencias naturales, artes, etc.; obras literarias como la Odisea, Don Quijote, las Vidas Paralelas, de Plutarco, clásicos griegos, latinos y europeos, entre otros.

Los miembros de las familias como la de Bolívar, en la sociedad caraqueña de finales del siglo XVIII e inicios del XIX, al decir de los ilustres viajeros de la época, como Humboldt y el Conde Segur, eran de elevada cultura, buen gusto y distinción; las mujeres eran consideradas con nivel cultural superior a las de la Europa de entonces.

Si bien el contacto de Bolívar con su padre duró sólo hasta los tres años, su psiconsciente se alimentó con las imágenes de su personalidad, con efectos modeladores. Su madre fue una mujer culta, disciplinada y excelente administradora, por lo cual, su contacto con ella, hasta los nueve años, modeló, con certeza, la personalidad del futuro gran hombre, con los valores éticos-morales, costumbres y actitudes positivas frente a la vida, tan propios de una familia que, por generaciones, jugó un rol de preponderancia en la sociedad caraqueña.

El temprano contacto con las negras Hipólita, que lo amamantó, y Matea, con quien realizó sus primeros juegos infantiles, le pusieron en comunicación con un mundo que, al identificarse con él, y recibir expresiones de amor y bondad, le prepararon para apreciar, y valorar, en su justa dimensión, en el futuro, a cada una de las personas con las cuales estuvo  en contacto, independientemente de su condición social.

Quedar solo, a los nueve años, le enfrentó, tempranamente, a la vida, permitiéndole aprender a valerse por sí mismo, sin desestimar la importancia que tuvieron sus tutores en la formación de su carácter y personalidad. La educación que recibió fue acorde a su nivel socio-económico y de lo mejor que un niño de su condición podía recibir en la Caracas de la época.

Entre sus primeros maestros, en forma gradual y espaciados en el tiempo, se encuentra Francisco Antonio Carrasco, empleado de confianza, contador y cajero de la familia, en una tienda de importaciones, quien, en sus ratos libres o en las horas fuera del trabajo, le daba a Simoncito, lecciones de primeras letras, escritura y aritmética. Carrasco, actuó, en 1791, en calidad de “Curador Ad litem” tanto de Simón como de Juan Vicente. Fernando Vides, el mismo que fungió de testigo cuando Simón, que tenía cinco años, acompañado de su abuelo y del licenciado Sanz, tomó posesión, el 30 de julio de 1788, de su casa de Las Gradillas, también le dio clases de primeras letras, escritura y aritmética.

Bolívar, asistió formalmente a la escuela de Manuel Zidardia, pedagogo erudito, de larga trayectoria. José Antonio Negrete, fue su maestro en historia, y espiritualidad. Guillermo Pelgrom, ilustre educador, de gran cultura, le dio clases de latín y, posiblemente, le habló de la historia de Roma, y de los clásicos latinos, en comentarios acordes con su edad. Francisco de Paula Revé y Berdura, mejor conocido como Andujar, gran humanista y científico, a partir de 1795, luego de la partida de Don Simón Rodríguez, de quien se hablará en el siguiente segmento, fue maestro, de Bolívar, a nivel más avanzado, en: Gramática, geometría, álgebra, moral y dibujo. A tales efectos le acondicionó, en su casa, un salón donde instaló una academia de matemáticas exclusivamente para él, a la cual, sin embargo, asistieron gran número de niños y jóvenes. Un principio de la filosofía educativa de Andujar, expresa: -“Es necesario orden y método para ensañar con claridad”.

 

-II-

 

El maestro que ejerció mayor influencia en Bolívar, entre los ocho y los doce años, antes de las enseñanzas del profesor Andujar y de Andrés Bello, fue el Sócrates venezolano, Don Simón Rodríguez. Esto, no tanto por la legendaria aplicación del método Rousseauniano, leyenda plasmada por Jules Manzini, en su famosa biografía, publicada en París en 1912, con el título: -“Bolívar y la Emancipación de las Colonias Españolas desde los Orígenes hasta 1851”, la cual, modernas investigaciones dejan de sustentar, pese al gran número de biógrafos que la adoptaron, posteriormente, sino porque Simón Rodríguez era un excelente maestro.

Estaba al día con los más importantes e innovadores tratados educativos de España, estaba dotado de una sincera vocación para la enseñanza, la cual lo acompañará toda su larga vida.

Supo inculcar en su discípulo Simoncito, -su alumno de primeras letras, lengua castellana y latina, aritmética e historia, por recíproca elección espontánea y por la simpatía mutua que se tuvieron, mientras el maestro era amanuense en la casa de su abuelo Don Feliciano Palacios y Blanco, un gran amor al estudio y despertar su notable curiosidad. Preguntaba mucho y constantemente, constituyendo el primer paso para desarrollar sólidos conocimientos, firmes convicciones y poderoso entusiasmo.

Le enseñó a aprender de la vida misma, de la convivencia social y escrutando la naturaleza, con aguda observación, profunda concentración y reflexión constante.

Formó su carácter, templando su personalidad. Le inculcó el orden y afianzó su sentido de responsabilidad y autodisciplina.

El 03 de septiembre de 1792, Don Feliciano escribe a su hijo Esteban, que se encontraba en España, diciéndole: -“Te incluyo una lista para que me compres y me remitas los libros que contiene. Dichos libros, encargados por requerimiento de Don Simón Rodríguez, fueron, entre otros: Reflexiones sobre el Verdadero Arte de Escribir, de Servidori, con sus respectivas láminas; Arte de Escribir, y Discurso sobre la necesidad de la mejora de las escuelas, de Don José de Anduaga; Compendio de Este Arte; Método de enseñar el conocimiento de las letras y sus uniones en sílabas y dicciones; Aritmética y Elementos de Álgebra; Prevenciones a los Maestros; además de otras, lo cual da una idea de su interés por el estudio y la actualización profesional constante.

Paralelamente, Simón Rodríguez, fue maestro en la escuela de Primeras Letras, de Caracas, desde el 31-05-1791 hasta el 19-10-1795, por lo cual, su actividad de amanuense de Don Feliciano fue desarrollada a tiempo parcial, educando voluntaria y desinteresadamente a Bolívar.

Bajo su dirección, Simoncito, fortalece su capacidad para actuar con aprovechamiento del tiempo, con modestia y sosiego. El maestro, enseña divirtiendo, narrándole fábulas instructivas, como las de Esopo; leyéndole rasgos biográficos de hombres ilustres, trayendo a colación sucesos ilustrativos, estimulantes y formativos.

Estimuló al discípulo en ser: Fiel, servicial, comedido, benéfico, agradecido, consecuente, generoso, amable, diligente, cuidadoso, aseado, respetuoso, y a cumplir con lo prometido. Dichas cualidades afianzadas en su personalidad lo llevarán a desarrollar, en cada caso, las habilidades que las circunstancias precisaban.

Le habla de las cinco clases de necesidades, fundamento del derecho natural, como son, a saber: alimentarse, vestirse, alojarse, curarse y distraerse; y, de las virtudes de los sabios, entre ellas: la prudencia, la justicia, el coraje, la fortaleza, la templanza, la modestia, el discernimiento, el respeto a la vida, a la propiedad, a la reputación, propia y ajena, que constituye la moderna auto-estima, indicándole que de la propia reputación depende el crédito.

Don Simón Rodríguez solía expresar: -“Sólo el modesto es respetable, porque tiene en que fundar sus pretensiones. Pretende con orgullo porque sabe que ha de obrar con acierto. Esta especie de hombre es la que reúne, de ordinario, mayor número de virtudes y hace mayor suma de bien, -yerra a veces, es verdad, pero, -¿quién se expondrá a errar sino el que emprende?”

Otras de las máximas del maestro, son:

1.    –“Si la ignorancia reduce al hombre a la esclavitud, instruyéndole, el esclavo será libre”-.

2.    –“Pedir lo necesario, es el derecho natural; pedir lo que es debido, derecho civil; interesarse por el prójimo, benevolencia”-.

Bolívar, aprendió tempranamente que, el cumplimiento del deber es fuente certera de satisfacción, y a ser constante y esforzado en el logro de sus metas.

Don Simón Rodríguez, expresó: -“Todo es oficio; el que hace profesión de influir, debe saber en qué influye: -por qué, cómo y para qué”-.

Con el tiempo, Don Simón Rodríguez, sintetiza, fruto de su experiencia como educador, que toda persona debe recibir cuatro tipos de instrucción:

1.    –“Social, para hacer una Nación prudente”-.

2.    Corporal, para hacerla fuerte”-.

3.    Técnica, para hacerla experta”-.

4.    Y, “científica, para hacerla pensadora”-.

Como maestro efectivo, Don Simón Rodríguez, ayudó a Bolívar a comprender los elevados valores de la vida y a aprender por sí mismo, con lo cual, se convirtió, gradualmente, en uno de los más fecundos autodidactas que ha dado la humanidad.

Es posible que la influencia mayor de Simón Rodríguez, sobre el discípulo, la ejerció en el encuentro efectuado al inicio de 1805, en París, durante el segundo viaje de Bolívar a Europa, como se verá en otro artículo.

En el próximo segmento, se analizará la influencia, en la formación de Bolívar, de uno de los más importantes forjadores intelectuales que tuvo Bolívar: El Marqués de Ustariz, quien gestó al Estadista.

 

-III-

 

El 19 de abril de 1799, a los 16 años, Simón Bolívar, se embarca para España, con el objetivo de perfeccionar sus estudios.

Allí estará hasta mayo de 1802. Lleva con él las Vidas Paralelas, de Plutarco, de las cuales es asiduo lector. Su tío Esteban, queriéndolo preparar para la carrera diplomática, le pone al frente de profesores de lengua francesa, inglés e italiano; de matemáticas, baile, esgrima y equitación, durante aproximadamente un año.

Empero, la mayor influencia en su formación la ejercerá el sabio Marqués de Uztariz, a quien Bolívar estimaba como a uno de los siete sabios de Grecia. Lo admiró, expresándose de él, siempre, con veneración.

El Marqués de Uztariz poseía una de las mejores bibliotecas personales y había cultivado una sólida y profunda cultura clásica y filosófica. Francisco de Miranda que le conoció en 1778, se expresó elogiosamente de él, por: -“sus profundos conocimientos en las ciencias morales y políticas y por sus virtudes públicas y privadas pocos comunes”-.

Fue quien convirtió a Bolívar en un verdadero estudiante y estimuló el desarrollo de su personalidad a niveles muy elevados. Bajo su guía, estudió con profesores selectos las materias de: Matemáticas, idiomas vivos, filosofía, literatura e historia.

Profundizó el estudio de los autores clásicos de la antigüedad, entre ellos: filósofos como Platón, con sus obras La República y Las Leyes; Aristóteles, de quien estudió, con toda seguridad, su libro La Política; Epitecto y su famoso Manual; Marco Tulio Cicerón y sus Discursos, Sobre las leyes, La República, De los Deberes, Del Supremo Bien, etcétera; Séneca y sus Epístolas Morales a Lucilo y los Tratados Morales; historiadores como Herodoto y sus Nueve Libros de Historia; Tucidide y La Guerra del Peloponeso; Diógenes Laercio y Sus Vidas de los más ilustres Filósofos Griegos; Polibio y su Historia Universal; Tácito y los Anales del Imperio Romano; Suétonio y la Vida de los Doce Césares; Tito Livio y su Historia de Roma desde su fundación; Julio César y su Guerra Civil y Las Guerras de las Galias, obra ésta, que será su libro de cabecera durante sus futuras campañas.

Las lecturas de Bolívar incluyeron: Oradores como: Demóstenes y sus Discursos Políticos y privados; poetas, como Homero y sus clásicos La Ilíada y La Odisea. Hesiodo: Teogonía y Los trabajos y los días. Virgilio: La Eneida y Las Bucólicas.

Entre los autores clásicos europeos, leyó a Vittorio Alfieri, el poeta de: -“Quise, siempre quise, fortísimamente quise”-; Dante: La Divina Comedia; Maquiavelo: El Principe y El Arte de la Guerra; Voltaire: El siglo de Luis XIV y Cartas Filosóficas; Rousseau: El Contrato Social, Emilio o la Educación, Confesiones, Discurso sobre la Economía, etc.;  John Lock: Ensayo sobre el Gobierno Civil y el Ensayo sobre el Entendimiento Humano. Es preciso destacar que la influencia de John Lock, además de la de Aristóteles, se observará, años más tarde, en las dos Constituciones escritas por Bolívar: la de Angostura y la de Bolivia.

Bolívar leyó, de Francis Bacon: Novum Organum y La Nueva Atlántida; de Condillac: su Ensayo sobre el origen del conocimiento humano, el comercio y el gobierno, el lenguaje del cálculo, etc.; de Lavosier: Elementos de Química; de Spinoza: Ética y Tratado Teólogico-político; de Holbach: Sistemas de la naturaleza y sistema social; de Hume: Sobre el humano entendimiento; de Adam Smith: La Riqueza de las Naciones; de Montesquieu: El Espíritu de las Leyes; de Bufón: Épocas de la Naturaleza, Historias Naturales, generales y particulares y Discurso sobre el estilo; de Hobbes: Leviatán, obra ésta que Bolívar estimaba mucho; de Diderot: Sistema Social; de Cervantes: Don Quijote; de Garcilaso de la Vega, El Inca, los Comentarios Reales y La Florida del Inca; de Bartolomé de Las Casas, Breve relación de la destrucción de India y su Vida de Cristóbal Colón.

Leyó, también, a Helvetius, D`Lambert, Filangieri, Rollin, Berthot; Labaide; Mably, Robertson, -de quien leyera su Vida de Carlos V y la Historia de América; Lord Chesterfield y los dos tomos de sus famosas Cartas a su hijo. Conoció –y leyó- la Enciclopedia, y un gran número de otros autores.

La enumeración que precede refleja las principales obras de los autores citados, de las cuales existen referencias, directas e indirectas, de que Bolívar las leyó. Es posible que algunas las leyera con mayor profundidad; que otras las haya solamente hojeado y continuado su lectura en épocas futuras, y cierto número de ellas, en su contenido las conociera por sus conversaciones, tanto con el Marqués de Ustariz, como con otros intelectuales con quienes entró en contacto.

Bolívar, solía expresar: -“Más se aprende conversando con el Marqués de Ustariz que en las obras de los sabios”. Bajo su guía, Bolívar comenzó a amar las grandes obras del espíritu humano, a meditar sobre sus ideas y a conversar con él sobre los variados temas de sus lecturas. Adquirió el hábito que lo mantendrá durante toda su vida, de alimentar su espíritu con las obras de los grandes pensadores de todos los tiempos.

El Marqués de Ustariz, es realmente quien gestó al futuro gran Estadista que luego sería Bolívar. Con él consolidó Bolívar su acervo cultural que tanta confianza le daría al emitir con brevedad juicios profundos y certeros, en cada una de sus actuaciones. En la casa del Marqués de Ustariz se efectuaban reuniones constantes con intelectuales destacados, cuyo intercambio de ideas, en el cual participó Bolívar, fue un medio importante para ampliar sus horizontes culturales y su visión de líder continental.

Cuando se va rastreando la influencia de las lecturas de Bolívar, se descubren las huellas de las mismas en muchos acontecimientos importantes de su trayectoria; por ejemplo: su decreto de la “Guerra a Muerte”, en el cual obligaba a los que vivían en Venezuela, durante la guerra de la independencia, -realistas y patriotas- a definirse por el bando de la causa patriótica, se inspiró en el emitido por Solón, cuando éste decretó que en épocas de peligro para la Patria ningún ciudadano podía permanecer indiferente.

La Carta con las instrucciones para la educación de su sobrino Fernando, -que constituye de por sí una joya de la Pedagogía moderna, de lectura obligada para todo intelectual- denota la influencia de las lecturas de Aristóteles y de Plutarco; del primero, cuando se refiere a la educación musical, -sugiriendo que no era preciso impartírsela salvo que mostrara una predisposición especial para dedicarse a este arte- reflejando el pensamiento aristotélico al respecto y del segundo, en lo referente al estudio de la historia, debiéndola estudiar comenzando desde la más reciente hasta remontarse,  gradualmente, a la más antigua, emulando el plan de Plutarco en la redacción de sus Vidas Paralelas. En el Resumen sucinto de la Vida del General Sucre, emula el arte de la biografía al estilo del gran Maestro de Queronea, al poner énfasis en los detalles edificantes, la cual constituye una auténtica obra maestra.

Adelante.

 

 

 

Publicado en el Diario EL TIEMPO, I) 28/07/1995; II) 04/08/1995; y III) 11/08/1995.


sábado, 1 de abril de 2023

Una visita a Giorgio Del Vecchio

 


Una visita a Giorgio Del Vecchio

 

por Jaime Thorne León

 

Los que fundamos la Asociación. Jurídica Thémis, acordamos desde un principio que la institución debía contemplar en sus Estatutos la forma de rendir homenaje a aquellos juristas y filósofos del derecho que colaborasen en realizar los fines que se imponía la naciente asociación.

Este fue el origen de lo que después se denominó "Asociados Honorarios".

Apenas constituida la asociación, sus objetivos son puestos en marcha.

El más dinámico de ellos, la revista Thémís, se pone en contacto con distintos profesores nacionales y extranjeros, solicitando su colaboración.

Giorgio Del Vecchio, en cuyos textos nos internamos en la filosofía del derecho, nos envió desde la milenaria Roma su aliento y su colaboración decisiva. El Consejo decide hacerle un homenaje de gratitud, y lo nombra nuestro Primer Asociado Honorario.

Por coincidencia, yo debía viajar a Italia por esos días, y el Consejo me honra con el encargo de entregar al venerable maestro italiano la respectiva Resolución, y la Medalla de Oro correspondiente. Se convertía así en viva realidad, lo que fríamente se estipulaba en los Estatu tos.

Llegué a Roma con la emoción del viajero que se interna en la historia de nuestro tiempo. Italia no es para nosotros solamente el país de la belleza y el arte, sino algo más: el centro del mediterráneo donde el derecho romano nació, se desarrolló y se hizo universal. Llamé por teléfono al profesor Del Vecchio y me comunica que me recibiría gustoso. Al día siguiente estaba en su domicilio en Vía Tripoli, un poco alejado del centro turístico de la ciudad (vía Veneto, Piazza del Popolo, etc). Llego a su departamento a la hora señalada, y el maestro Del Vecchio me extiende su brazo cordial. . . de mirada profunda, de estatura más bien baja, en la cumbre de sus años. Me habla en correcto castellano, sin el menor acento extranjero. Empezamos a hablar ... el Perú, me dijo, es un país de tan rica y antigua cultura, pensar que ahí se fundó hace cuatrocientos años la Universidad más antigua de América, San Marcos . . . Por algo aquí se dice de algo bueno que "vale un Perú. . . Le explico mi encargo, . . . leo la resolución y le entrego la Medalla de Oro. Me lo agradece emocionado.

Me envía saludos para todos los de la Asociación Thémis. Alarga su brazo y me sirve de la botella de vino dulce una copa para celebrar el acontecimiento.

Se acerca a su escritorio, toma un ejemplar de su última obra "Lo Stato moderno e i suoi problemi" Torino, 1967, garrapatea una dedicatoria, demasiado generosa maestro. Es el mejor recuerdo que guardo de él.

Hablamos de todo, de la belleza de Roma, en fin. Es hora de partir, y quisiera volver, me inhibo, quizá sea impertinente. El profesor Del Vecchio me invita a su biblioteca particular de cuarenta mil volúmenes, hoy en el Instituto de Filosofía del Derecho de la Universidad de Roma, que lleva justamente el nombre de su antiguo Director. Nos despedimos.

Hombre humilde el Profesor Del Vecchio. Nadie creería que es una de las cumbres del pensamiento actual.

Lima, junio de 1968


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