Abg. Giuseppe Isgró C.
24 de julio de 2025
El Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, ha sido, sin duda alguna, uno de los grandes, y mejores civilistas venezolanos, un paradigma vigente y modelo a emular. Así se le consideraba ya, en Venezuela, a nivel nacional, en la época en que hemos sido sus alumnos, en el último lustro del siglo XX.
Conocedor profundo del Derecho Civil, Administrativo, Constitucional, y en
todas las demás vertientes y variantes, con visión amplia y certera. Conocedor
profundo de la historia patria, y la universal, de la Axiología, o Ciencia
de los Valores y de la Filosofía del Derecho; Juez modelo por su elevada
competencia profesional y reconocida conducta ética. Insigne pedagogo del
Derecho en pregrado y postgrado.
Quienes tuvimos el alto honor de ser sus alumnos durante cuatro de los seis
años de la primera promoción de la Carrera de Derecho, en la Universidad
Santamaría, Núcleo Oriente, de la cual recientemente se celebró el vigésimo
quinto año de la graduación, el Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, ha
representado un faro luminoso en nuestras vidas y en el ejercicio profesional
del Derecho.
Todavía recuerdo, y ahora aflora en mi mente, al escribir esta breve reseña,
el primer día de clase en la materia Derecho Civil, que impartía el Dr.
Aguirre. Era el año 1995. Me impresionó de manera especial como inició, y
realizó el Dr. Aguirre esa primera clase, que tomé la palabra y le elogié,
expresando el honor que representaba para mí ser su alumno. Ya le había
conocido previamente, pero no tenía idea de su excelencia como profesor. Él,
esa noche, al presentarse, hizo referencia a su experiencia y actividad como
juez y como profesor de pregrado y postgrado, entre otras cosas.
A partir de allí, asistir a sus clases siempre resultó una experiencia
gratificante, y enriquecedora, ya que sus enseñanzas no eran solo el fruto de
su conocimiento teórico; eran la esencia de su sabiduría fruto de la
experiencia de muchos años; experiencia que es la madre de la sabiduría, además
del cultivo de un estudio a fondo del Derecho en todas sus ramas, y de otras
materias, como la historia, en todas sus vertientes, de los clásicos, y el
conocimiento profundo del ser humano, única manera de que el profesional de la
abogacía pueda ser efectivo en el ejercicio de su labor como jurista. El
conocimiento del ser humano, de su psicología e idiosincrasia, contribuye de
manera efectiva a solventar las controversias entre las partes, única razón que
motiva a los usuarios, o clientes del Despacho de Abogado, a la búsqueda de una
solución bajo su tutela.
Cada vez que el Dr. Aguirre acudía a sus
clases, se sentaba en la silla de su escritorio del salón de clase, reflexionaba
unos breves instantes, como para ordenar sus ideas, y, enseguida, daba inicio a
sus clases, virtualmente, sin tener en manos ninguna nota escrita. Quien esto
escribe, siempre se sentaba en primera fila, frente a él, para no perderse ni
una palabra.
El Dr. Aguirre era como un libro abierto; su conocimiento jurídico, su
experiencia, su visión de la vida, fluían como lo hace un poderoso río que
conduce sus aguas al mar, o al océano. Aquí, el mar lo representaba el salón de
clases, con un nutrido grupo de estudiantes, que siempre fue calificado de
excelente, siendo muchos de sus integrantes, cursantes de su segunda carrera, y
hoy en día, ya profesionales del Derecho, representan una nueva generación de
juristas que están cumpliendo su rol de turno en la misión que representa el
ejercicio de la abogacía, una de las mejores profesiones del mundo y de todos
los tiempos.
Bien sea que se tratara de una clase de 45 minutos, o de 90 minutos, el Dr.
Aguirre, repito, era un libro abierto: comenzaba a hablar sin parar; tanta era
la experiencia jurídica y de vida, que su acervo de los conocimientos que
impartía, era inagotable.
Durante esos cuatro años, fueron muchos los momentos en que, en el breve
recreo, entre la primera y segunda hora de clase, tocábamos algún tema de
nuestro mutuo interés, generalmente de la historia patria, de la que era
profundo conocedor.
Ya en el ejercicio de la profesión, en algunas ocasiones tuve el privilegio
de recurrir al maestro para un Dictamen Jurídico, cuyo contenido siempre fue
guía certera para la solución efectiva en los respectivos casos de
controversias, a la hora de elegir el mejor camino en la búsqueda de la
solución. Esa visión certera del Maestro, en ocasiones sugirió un retiro a
tiempo, de la controversia, antes de embarcarse en acciones que a nada
conducirían. Ese es el arte sublime de la profesión de abogado; saber cuándo se
debe emprender la acción, y cuando dejar de hacerlo.
En esas funciones de Jurisconsulto, al estilo de los grandes jurisconsultos
de la época activa de Roma, fuente vigente del Derecho, el Dr. Aguirre ejerció
uno de sus mejores roles, ya en edad avanzada, una vez jubilado como Juez.
Muchos de sus antiguos alumnos constantemente acudían a él, como fuente para
nutrirse de savia vivificadora, para emprender nuevos retos, montándose sobre
hombros de gigantes, al estilo de Isaac Newton, que frente al océano inagotable
del conocimiento, los hombros sólidos de la experiencia del maestro Aguirre, le
permitía ver más lejos, de manera segura, en la búsqueda de las certezas
jurídicas.
El Maestro Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, aún en edad avanzada, seguía
esparciendo las semillas de su sabiduría jurídica y de una vida ejemplarmente
vivida, en la orientación y guía de sus discípulos que, ya en el ejercicio activos
de la profesión de abogados, cuando precisaban luces para abrir nuevos caminos
de soluciones jurídicas, recurrían al maestro Aguirre, con la absoluta
confianza de encontrar las luces precisadas y el consejo oportuno para
emprender la ruta correcta para alcanzar la meta anhelada: la solución jurídica
de complejos casos que solo la extensa experiencia podía aportar.
Nunca se termina de aprender y los grandes maestros como el Dr. Pedro
Ignacio Aguirre Anchieta, nunca dejan de enseñar, y muchas veces lo hacen aun
cuando guardan silencio, o con una mirada, o un gesto, o un movimiento de
cabeza, o simplemente, quedándose pensativos, sin decir palabra alguna, frente
a preguntas osadas, en cuyo silencio, el alumno encuentra la respuesta,
entendiendo que el camino que pensaba emprender, no era el camino. Es un
enseñar sin decir nada; allí reside la maestría, fruto del largo camino de
aprendizaje, en el cual, el maestro Aguirre, seguirá siendo un modelo a emular,
para quienes hemos sido sus privilegiados alumnos, por haber bebido de sus
inagotables fuentes de conocimiento, experiencia e invalorables ejemplos de
ética profesional y personal, que es, con certeza, la esencia de la dignidad
humana, ad infinitum.
Sin duda, el Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, es un ejemplo de una vida
bien vivida y administrada, única manera de alcanzar la longevidad que le fue
inherente, con la lucidez que siempre le caracterizó.
El Espíritu humano es eterno e inmortal, y en su larga trayectoria, cumple
su misión en incontables ciclos de vida. La vestidura física que se abandona,
al pasar el Espíritu de la dimensión física a la espiritual, es un vehículo
físico temporal. El vestido no es quien lo endosa. Quien lo endosa, sigue
viviendo. Vino a este ciclo de vida, en fecha cierta; y en fecha cierta, ya,
seguramente prefijada, parte para preparar su próxima llegada a la dimensión
física, en una nueva misión, en una nueva vida, con el conocimiento acumulado
en su última existencia, y el de los innumerables ciclos anteriores. Esas
experiencias acumuladas en las edades pasadas, aflorarán, en el nuevo ciclo de
vida, cuando ocurra, como aptitud perceptiva, comprensiva, conocedora y
realizadora, que, sea quien fuere ese nuevo niño en que nacerá, en determinado
momento, animado por el mismo Espíritu conductor, descollará, en cualquier rol
futuro a desempeñar, desde el mismo nivel en que, ahora culminó su exitosa
carrera existencial. Es una ley de vida, y estar familiarizado con esto, nos
permite comprender, que esté donde ahora se encuentre, está radiante de
felicidad por el deber cumplido y una vida excelentemente vivida, como un ejemplo
para emular, incontables generaciones, y orgullo de su familia toda, hijos,
nietos y biznietos, a quienes saludamos afectuosamente.
Un saludo para el maestro, con gratitud por la amistad con que nos
distinguió y las enseñanzas que nos impartió, generosamente, que siguen
iluminando nuestro camino.



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