La Trascendencia y Salario Cósmico
Abg. Giuseppe Isgró C.
Vivimos en un mundo donde se corre el
riesgo de llegar a una etapa de la existencia con profundos estados de
insatisfacción interior. Sin embargo, para quien posee un estado lúcido de
conciencia, este sentimiento no es un error del destino, sino la acción
pedagógica de la Divinidad hurgando en lo más íntimo del ser.
La Maravilla de lo Incompleto:
La insatisfacción es,
paradójicamente, una de las cosas más maravillosas que le pueden ocurrir a una
persona. Es un mecanismo extraordinario para evitar el estancamiento. Dios
colocó este impulso en nosotros para que jamás dejemos de progresar. Esa inquietud
que sentimos es, en realidad, una señal de alerta de nuestro propio espíritu
que nos insta a cumplir nuestra misión de vida.
El primer paso para transmutar este
sentimiento es la aceptación. No evadir la realidad, sino afrontarla con la
valentía de quien sabe que cada prueba familiar o personal es un compromiso
adquirido antes de nacer. Somos integrantes de una familia espiritual que se
apoya en el eterno retorno hacia el ser universal; ayudar hoy es sembrar el
apoyo que recibiremos mañana.
El Noble Sendero de la Rectitud:
Hace 2,500 años, Siddhartha Gautama
comprendió que la insatisfacción (Dukka) surge de los
deseos mal canalizados. Para transmutarla, propuso el Noble Sendero Óctuple,
cuyos dos primeros pasos son fundamentales para el hombre moderno:
1.
Rectas
Opiniones: No
podemos tomar decisiones acertadas sin el conocimiento adecuado. La búsqueda
constante en las obras de los grandes pensadores —desde Platón y Séneca hasta
Napoleón Hill— conforma nuestra verdadera riqueza. Al final de cada ciclo, no
nos llevamos lo material, sino nuestra Suma Existencial: el
conocimiento, las virtudes y el bien realizado. Como dijo el sabio Pitaco de Mitilene,
mientras otros huían con sus bienes: "Todo lo llevo
conmigo".
2.
Rectos
Propósitos: La vida
se transforma en el instante en que se forja un propósito. Bolívar transmutó su
existencia en el Monte Sacro al decidir libertar un continente. La energía
creadora interna, si no se canaliza en objetivos claros y por escrito, se
desborda en forma de insatisfacción.
El Poder de la Persistencia:
La historia nos demuestra que el
éxito es el hijo de la insistencia. Tomás Alva Edison probó diez mil filamentos
antes de iluminar el mundo. Henry Ford, a menudo tildado de ignorante por los
eruditos de su época, demostró que la verdadera sabiduría consiste en saber lo
que se quiere y cómo conseguirlo, rodeándose de los mejores.
Dentro de cada ser late la misma
Divinidad, dotada de un poder creador potencialmente infinito. Si una situación
se presenta en nuestra vida, es porque poseemos el poder suficiente para
superarla. Dios esconde las grandes oportunidades dentro de las cáscaras de las
dificultades; hay que ver más allá de la apariencia y preguntar: ¿Qué bien me trae esta situación?
El Secreto del Rosal:
Para quienes sienten que la tempestad
les sobrepasa, conviene recordar la fábula del rosal de Nikos Kazantzakis.
Cuando las ortigas le preguntaron cómo lograba hacer rosas entre el viento y la
nieve, el rosal respondió: "Mi secreto es simple.
Durante todo el invierno, con paciencia y amor, trabajo la tierra y solo tengo
una cosa en mi mente: la rosa".
En la noche más oscura es cuando
brillan más las estrellas. Después de la tempestad, sale el arco iris. Mantener
la atención en el ideal, servir con justicia y persistir con fe es la clave
para recibir el Salario Cósmico.
La vida es una rueda que gira. Lo que
hoy parece tiempo perdido en el servicio a otros, es tiempo ganado en la
eternidad. Sigamos adelante, pues cuando parece que el mundo se acaba, es
exactamente cuando comienza de nuevo.
La Medicina de la Voluntad:
En la búsqueda del equilibrio, no
debemos desestimar las herramientas que la naturaleza nos brinda. La
homeopatía, medicina del futuro, nos enseña que lo que en dosis masivas
enferma, en dosis infinitesimales cura. Así ocurre con la mente: el mismo pensamiento
que nos debilita, si se transmuta en una afirmación positiva y constante, por
ejemplo: Cada día, en todas formas, estoy mejor y mejor, se
convierte en el antídoto que limpia nuestra conciencia y nos devuelve el
control de nuestro destino.
Adelante,

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