martes, 30 de junio de 2026

LA PAPA PELADA, ESCUDERO

 


LA PAPA PELADA, ESCUDERO

 

©Abg. Giuseppe Isgró C.

 

 

Hace ya algunas décadas, Escudero, oí a alguien que le decía a un joven que parecía ser su discípulo:

—“Tienes dentro de ti el poder de comprobar cada enseñanza que refleja la verdad universal. Tú, deberás confiar en ti mismo en la búsqueda de la esencia de la vida, discerniendo entre la paja y el grano. Debes transformarte en un creador esencial de la naturaleza, secundando a la Divinidad en la obra de la expansión universal. Debes realizar tu propia búsqueda y adquirir la experiencia vivificante extrayendo de la esencia divina que yace dentro de ti, la sabiduría de los atributos divinos y el poder creador potencialmente infinito, en el grado precisado por cada situación que afrontes y superes, exitosamente”.

Luego, ante los ojos asombrados de su discípulo, siguió diciendo:

—“Jamás esperes la papa pelada. Escoge el terreno adecuado, la mejor semilla y siémbrela. Luego, coséchela, pélala y cómela a medida que tengas hambre y anhelo de saborear un rico manjar que te sabrá a gloria, porque es el fruto de tu trabajo y dedicación”.

Recuerdo las preguntas con que abordó Jacques Bergier a Fulcanelli, a finales de los años 20 del siglo XX, cuando al saber que el personaje que visitaba a su maestro era el famoso alquimista, comenzó a formularle una gran cantidad de preguntas. Fulcanelli le respondió a Bergier: —“Usted lo que quiere es que, en breves segundos, le explique 3.000 años de investigaciones alquímicas”. Es decir: la papa pelada. Es muy fácil.

Paradójicamente, cada día es factible toparse con personas que se toman poco en serio la búsqueda de la verdad, y cuando intuyen que alguien podría tener determinados conocimientos, desafían a cualquier interlocutor que incurre en el error de querer convencer a alguien que no desea serlo, sobre ningún tema para el cual no desea tomarse la molestia de estudiar a fondo, ni le interesa hacerlo, salvo el de demostrar su propia opacidad, dicho, Escudero, con todo respeto. Son personas que no tienen la culpa, pero sí alardean de muchas cosas, aun de su ignorancia. Esto sería signo de sabiduría, si fuera una demostración sincera. No, Escudero, si hay alguien que cree saber demasiado, es precisamente aquel que sabe poco, ya que ese poco, para él representa un mucho casi infinito. No, realmente, este tipo de personas no tiene un grado elevado de conciencia de su propia ignorancia, ya que, de otra manera, haría preguntas inteligentes; no que le ahorren el camino por recorrer, sino que le señalen el que hay que recorrer hasta alcanzar la meta del conocimiento.

No hay que esperar la papa pelada, Escudero. Hay que fajarse para, después de cosecharla, pelarla por sí mismo, confiando en que se tiene la aptitud para elegir la mejor, entre el montón disperso y al alcance de la mano.

Por algo, cada día, mayor número de personas, y sobre todo de jóvenes, no desean aprovechar la experiencia de otros, sino hacer su propia experiencia. Sin embargo, Escudero, es preciso evitar los extremos: ni tanto ni tan poco. Hay que aceptar la perla que nos ofrecen, a diario, gente altruista, al ofrecernos el fruto de su propia experiencia. Esa es la razón de que el estudiante aprovechado, más que hablar en exceso, escucha en demasía. Cada persona es un libro abierto y, a menudo, sin percatarse de ello, nos ofrece enseñanzas que no sabemos cuántas existencias le ha llevado conseguir, con esfuerzo, estudio asiduo y práctica constante.

Cuántas veces no nos encontramos con personas que jamás habíamos visto, que a lo mejor han venido de otro continente, y de repente se ponen a hablar de cosas que ni ellas mismas saben por qué lo hacen, y lo que dicen, o han dicho, ha respondido a preguntas que desde hacía mucho tiempo uno se formulaba; y esa persona, sin saberlo, ya que, la mayoría de las veces, después de decir lo que tenían que contar, se va sin percatarse del bien que ha hecho a su paso.

Por eso se suele decir: Cuando la persona está preparada —para recibir la enseñanza— aparece quien la puede propiciar.

Recuerda, Escudero, quien sabe no habla, quien habla no sabe, sobre todo si se excede hablando más de la cuenta.

Con todo, muchas veces nos dan la papa pelada y cuántas veces no sabíamos que era una papa, ni que estaba pelada.

La luz del conocimiento, fruto de la experiencia, es una guía segura para discernir entre la verdad y el error, más allá de las apariencias.

La gente que de verdad sabe, no alardea. Si alardea, no sabe.

La mayoría de los que saben, enseñan silenciosamente, casi sin proferir palabra alguna; muchas veces con el ejemplo, con su actitud, con su sonrisa, con su pasmosa calma y serenidad, con la luz que brilla en sus ojos, que son dos ventanas abiertas del alma, o mejor dicho, Espíritu.

No esperes que te den de gratis lo que requiere esfuerzo adquirir, dedicación y estudio, trabajo y constancia, determinación y voluntad inquebrantable de superar hasta lo imposible para hacer que el anhelo se transforme en posibilidad manifiesta, en el aquí y ahora, o en el tiempo perfecto de Dios, ad infinitum, en el eterno camino de retorno al Ser Universal.

Observa, Escudero: la papa pelada ya la poseemos en esencia, dentro; no hay que buscarla fuera. Es preciso trascender el velo de la separación y ver lo que siempre estuvo allí para ser visto, hasta que la intención sosegada lo permita, por la unificación de la conciencia objetiva y subjetiva: la humana y la divina. En esencia una y la misma cosa, en el Uno. Aquí y allá; ¿esto o aquello, qué diferencia hay? Son estados de conciencia en las infinitas estaciones de la vida. La papa pelada: ya la tienes; ¿a qué buscarla fuera? El velo de la “separatividad” se puede depurar y es preciso hacerlo, en el aquí y ahora. Este es el momento, tú eres el ser: tuya es tu misión; tuyo, el salario cósmico.

Adelante. 

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