jueves, 8 de enero de 2026

En recuerdo del Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta

 



En recuerdo del Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta

Abg. Giuseppe Isgró C.

24 de julio de 2025

 

El Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, ha sido, sin duda alguna, uno de los grandes, y mejores civilistas venezolanos, un paradigma vigente y modelo a emular. Así se le consideraba ya, en Venezuela, a nivel nacional, en la época en que hemos sido sus alumnos, en el último lustro del siglo XX. 

Conocedor profundo del Derecho Civil, Administrativo, Constitucional, y en todas las demás vertientes y variantes, con visión amplia y certera. Conocedor profundo de la historia patria, y la universal, de la Axiología, o Ciencia de los Valores y de la Filosofía del Derecho; Juez modelo por su elevada competencia profesional y reconocida conducta ética. Insigne pedagogo del Derecho en pregrado y postgrado.

Quienes tuvimos el alto honor de ser sus alumnos durante cuatro de los seis años de la primera promoción de la Carrera de Derecho, en la Universidad Santamaría, Núcleo Oriente, de la cual recientemente se celebró el vigésimo quinto año de la graduación, el Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, ha representado un faro luminoso en nuestras vidas y en el ejercicio profesional del Derecho.

Todavía recuerdo, y ahora aflora en mi mente, al escribir esta breve reseña, el primer día de clase en la materia Derecho Civil, que impartía el Dr. Aguirre. Era el año 1995. Me impresionó de manera especial como inició, y realizó el Dr. Aguirre esa primera clase, que tomé la palabra y le elogié, expresando el honor que representaba para mí ser su alumno. Ya le había conocido previamente, pero no tenía idea de su excelencia como profesor. Él, esa noche, al presentarse, hizo referencia a su experiencia y actividad como juez y como profesor de pregrado y postgrado, entre otras cosas.

A partir de allí, asistir a sus clases siempre resultó una experiencia gratificante, y enriquecedora, ya que sus enseñanzas no eran solo el fruto de su conocimiento teórico; eran la esencia de su sabiduría fruto de la experiencia de muchos años; experiencia que es la madre de la sabiduría, además del cultivo de un estudio a fondo del Derecho en todas sus ramas, y de otras materias, como la historia, en todas sus vertientes, de los clásicos, y el conocimiento profundo del ser humano, única manera de que el profesional de la abogacía pueda ser efectivo en el ejercicio de su labor como jurista. El conocimiento del ser humano, de su psicología e idiosincrasia, contribuye de manera efectiva a solventar las controversias entre las partes, única razón que motiva a los usuarios, o clientes del Despacho de Abogado, a la búsqueda de una solución bajo su tutela.  

Cada vez que el Dr. Aguirre acudía a sus clases, se sentaba en la silla de su escritorio del salón de clase, reflexionaba unos breves instantes, como para ordenar sus ideas, y, enseguida, daba inicio a sus clases, virtualmente, sin tener en manos ninguna nota escrita. Quien esto escribe, siempre se sentaba en primera fila, frente a él, para no perderse ni una palabra.



El Dr. Aguirre era como un libro abierto; su conocimiento jurídico, su experiencia, su visión de la vida, fluían como lo hace un poderoso río que conduce sus aguas al mar, o al océano. Aquí, el mar lo representaba el salón de clases, con un nutrido grupo de estudiantes, que siempre fue calificado de excelente, siendo muchos de sus integrantes, cursantes de su segunda carrera, y hoy en día, ya profesionales del Derecho, representan una nueva generación de juristas que están cumpliendo su rol de turno en la misión que representa el ejercicio de la abogacía, una de las mejores profesiones del mundo y de todos los tiempos.

Bien sea que se tratara de una clase de 45 minutos, o de 90 minutos, el Dr. Aguirre, repito, era un libro abierto: comenzaba a hablar sin parar; tanta era la experiencia jurídica y de vida, que su acervo de los conocimientos que impartía, era inagotable.

Durante esos cuatro años, fueron muchos los momentos en que, en el breve recreo, entre la primera y segunda hora de clase, tocábamos algún tema de nuestro mutuo interés, generalmente de la historia patria, de la que era profundo conocedor.

Ya en el ejercicio de la profesión, en algunas ocasiones tuve el privilegio de recurrir al maestro para un Dictamen Jurídico, cuyo contenido siempre fue guía certera para la solución efectiva en los respectivos casos de controversias, a la hora de elegir el mejor camino en la búsqueda de la solución. Esa visión certera del Maestro, en ocasiones sugirió un retiro a tiempo, de la controversia, antes de embarcarse en acciones que a nada conducirían. Ese es el arte sublime de la profesión de abogado; saber cuándo se debe emprender la acción, y cuando dejar de hacerlo.

En esas funciones de Jurisconsulto, al estilo de los grandes jurisconsultos de la época activa de Roma, fuente vigente del Derecho, el Dr. Aguirre ejerció uno de sus mejores roles, ya en edad avanzada, una vez jubilado como Juez. Muchos de sus antiguos alumnos constantemente acudían a él, como fuente para nutrirse de savia vivificadora, para emprender nuevos retos, montándose sobre hombros de gigantes, al estilo de Isaac Newton, que frente al océano inagotable del conocimiento, los hombros sólidos de la experiencia del maestro Aguirre, le permitía ver más lejos, de manera segura, en la búsqueda de las certezas jurídicas.

El Maestro Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, aún en edad avanzada, seguía esparciendo las semillas de su sabiduría jurídica y de una vida ejemplarmente vivida, en la orientación y guía de sus discípulos que, ya en el ejercicio activos de la profesión de abogados, cuando precisaban luces para abrir nuevos caminos de soluciones jurídicas, recurrían al maestro Aguirre, con la absoluta confianza de encontrar las luces precisadas y el consejo oportuno para emprender la ruta correcta para alcanzar la meta anhelada: la solución jurídica de complejos casos que solo la extensa experiencia podía aportar.

Nunca se termina de aprender y los grandes maestros como el Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, nunca dejan de enseñar, y muchas veces lo hacen aun cuando guardan silencio, o con una mirada, o un gesto, o un movimiento de cabeza, o simplemente, quedándose pensativos, sin decir palabra alguna, frente a preguntas osadas, en cuyo silencio, el alumno encuentra la respuesta, entendiendo que el camino que pensaba emprender, no era el camino. Es un enseñar sin decir nada; allí reside la maestría, fruto del largo camino de aprendizaje, en el cual, el maestro Aguirre, seguirá siendo un modelo a emular, para quienes hemos sido sus privilegiados alumnos, por haber bebido de sus inagotables fuentes de conocimiento, experiencia e invalorables ejemplos de ética profesional y personal, que es, con certeza, la esencia de la dignidad humana, ad infinitum.

Sin duda, el Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta, es un ejemplo de una vida bien vivida y administrada, única manera de alcanzar la longevidad que le fue inherente, con la lucidez que siempre le caracterizó.

El Espíritu humano es eterno e inmortal, y en su larga trayectoria, cumple su misión en incontables ciclos de vida. La vestidura física que se abandona, al pasar el Espíritu de la dimensión física a la espiritual, es un vehículo físico temporal. El vestido no es quien lo endosa. Quien lo endosa, sigue viviendo. Vino a este ciclo de vida, en fecha cierta; y en fecha cierta, ya, seguramente prefijada, parte para preparar su próxima llegada a la dimensión física, en una nueva misión, en una nueva vida, con el conocimiento acumulado en su última existencia, y el de los innumerables ciclos anteriores. Esas experiencias acumuladas en las edades pasadas, aflorarán, en el nuevo ciclo de vida, cuando ocurra, como aptitud perceptiva, comprensiva, conocedora y realizadora, que, sea quien fuere ese nuevo niño en que nacerá, en determinado momento, animado por el mismo Espíritu conductor, descollará, en cualquier rol futuro a desempeñar, desde el mismo nivel en que, ahora culminó su exitosa carrera existencial. Es una ley de vida, y estar familiarizado con esto, nos permite comprender, que esté donde ahora se encuentre, está radiante de felicidad por el deber cumplido y una vida excelentemente vivida, como un ejemplo para emular, incontables generaciones, y orgullo de su familia toda, hijos, nietos y biznietos, a quienes saludamos afectuosamente. 

Un saludo para el maestro, con gratitud por la amistad con que nos distinguió y las enseñanzas que nos impartió, generosamente, que siguen iluminando nuestro camino.

 


 


En recuerdo del Dr. Pedro Ignacio Aguirre Anchieta

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